Krzysztof Kieslowski. “Solo se puede retratar el mundo a través de uno mismo”

El documental Estoy... así‑así sigue a Krzysztof Kieślowski en un momento extraño de su vida: después de haber anunciado que deja el cine, cuando el silencio empieza a ocupar el lugar donde antes estaban los rodajes.

No hay épica aquí. No hay la imagen del gran director trabajando entre focos. Hay algo más frágil: un hombre cansado, irónico, que fuma, que mira hacia otro lado cuando le preguntan demasiado, que responde con frases cortas, a veces secas, a veces inesperadamente tiernas. “Estoy… así-así”, dice. Ni bien ni mal. Suspendido.

La cámara lo acompaña en espacios cotidianos: conversaciones, recuerdos, pausas. Aparecen fragmentos de su pensamiento sobre el cine, sobre la imposibilidad de explicar a los demás, y sobre la sospecha —cada vez más fuerte— de que filmar la vida de otros puede convertirse en una forma de invasión. Kieślowski habla de sus dudas, de la responsabilidad de mirar, del cansancio que deja ese gesto.

El documental, entonces, se vuelve algo más que un retrato. Es una especie de despedida en voz baja. Un hombre que observa su propia obra con distancia, como si perteneciera a otra persona. Y, mientras tanto, entre silencios y humo de cigarrillos, queda flotando una pregunta: qué hace un director cuando decide dejar de mirar el mundo a través de una cámara.

Y lo que aparece —como en muchas de sus películas— no es una respuesta clara, sino una zona gris. Ese lugar ambiguo donde alguien dice que está “así-así” y, en esa expresión mínima, cabe casi toda una vida.

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