Outrenoir: Pierre Soulages
En el taller hay un lienzo apoyado contra la pared. Pierre Soulages no pinta todavía. Lo observa. Puede pasar así mucho tiempo: sentado frente a la tela negra, mirando cómo la luz del taller se desliza por la superficie. A veces se levanta, da un paso atrás, vuelve a acercarse. Pintar no es el problema. El problema es empezar. «Espero», dice. «Espero atreverme».
Cuando finalmente lo hace, no pinta como quien dibuja una imagen. Pinta como quien trabaja una materia.
Extiende el negro con brochas anchas, casi brutales. Usa espátulas, rastrillos, herramientas que recuerdan a los utensilios de un albañil o de un jardinero. Empuja la pintura, la arrastra, la rasga. La superficie del cuadro deja de ser un plano para convertirse en un terreno. Cada gesto abre surcos, levanta crestas, deja cicatrices.
Soulages no busca representar nada. Lo que busca es ver qué ocurre.
En el documental lo explica con una claridad desarmante: cuando empieza un cuadro no sabe a dónde va. Cada gesto cambia la situación y lo obliga a responder. Si añade pintura, el cuadro pide otra cosa. Si raspa la superficie, aparece una luz inesperada. El proceso no consiste en ejecutar una idea previa, sino en dialogar con lo que está ocurriendo en la tela.
A veces ese diálogo termina mal. El cuadro se cierra, se vuelve opaco. Entonces Soulages lo destruye se va a dormir y al día siguiente empieza de nuevo.
En 1979, trabajando de ese modo, ocurrió algo decisivo. Había acumulado tanta pintura negra que creyó haber arruinado el lienzo. Pero cuando la luz del taller cayó sobre las estrías, la superficie empezó a reflejar. El negro dejó de ser un color y se convirtió en un instrumento para atrapar la luz.
A ese descubrimiento lo llamó outrenoir: más allá del negro.
Desde entonces su trabajo fue una investigación obsesiva sobre esa frontera. Cambiaba las herramientas, modificaba los gestos, probaba distintas densidades de pintura. Cada cuadro era un experimento.
Porque para Soulages pintar nunca fue ilustrar una idea.
Fue descubrir, en el acto mismo de trabajar, algo que todavía no existía.